Borrones

Otro blog más de Blogcip.cu

Mar 12 2010

La mujer de mis pesadillas

Published by Justo Planas under General

Por fin Ben Stiller vuelve a representar el tipo que siempre termina en enredos sexuales, y lo hace al estilo de los hermanos Farrelly con los que ya trabajó en Locos por Mary. ¿Se habrá dado cuenta de que como director es un mal chiste?

Ya sé que es un crimen encasillar a los actores en un solo papel de por vida. Pero después de todo es un crimen rentable. Y como estamos hablando de cine comercial… y Ben Stiller no es con seguridad de la raza de Marlon Brandon… pues qué más da: ver una de sus películas bien puede ser una garantía de lo que podemos encontrarnos.

La última suya que pasó por el Yara fue un completo engaño: Una noche en el museo. ¡Dónde estaban los enredos escatológicos que estamos acostumbrados a encontrar en sus películas? Aquella cosa no estaba mal, pero más se prestaba para Robin William en sus momentos desesperados. La otra Mi novia Polly entraba más dentro del mal llamado pero muy utilizado drama, que en la comedia propiamente dicha.

Aquí, en La mujer de mis pesadillas parece abandonar los intentos inútiles de parecer serio y por fin toma su trabajo… en serio, haciendo aquello en lo que es bueno. De más está decir su actuación es convincente. No estamos frente a un improvisador, creo yo, aunque no estuve en el set. Stiller es un hombre que camina sobre terreno seguro, que estudia sus movimientos, y logra buenos frutos.

Peter y Bobby Farrelly, los directores de La mujer de mis pesadillas, se aburrieron de proponerle películas a Stiller hasta que por fin. Las muy cuestionadas escenas de sexo que incluyen parecen bien justificadas… y digo más, marcan la mayoría de edad de este dúo. Desde Locos por Mary y mucho antes tal vez, sus argumentos les venían pidiendo estas escenas como clímax de repetidas situaciones libidinosas. Además, el tratamiento fotográfico de estos momentos de la película es diferente, pertinente y entre otros entes. No repiten el habitual alejamiento de cámara, todo lo contrario. Y esto da pie a los incómodos diálogos a los que siempre arrastran las mujeres fatales a Stiller.

(Un paréntesis para el maquillaje: Malin Akerman se transforma paulatinamente de una deliciosa rubia estilo Hollywood a un extraterrestre de video casero… la chica de maquillaje olvidó el límite entre una hilarante quemadura de sol y un cadáver en descomposición. Incluso en las comedias existen límites, que después de cruzados ya no dan risa)

Mis quejas se dirigen más bien a la forma que tiene Hollywood de construir una comedia… de enredos en este caso. La historia avanza gracias a una sarta de boberías que impide que el personaje principal logre sus deseos. La risa entonces nace del regodeo en las situaciones que se crean y no de la trama en su totalidad, sucede lo contrario en las comedias de Woody Allen (la otra cara del cine norteamericano). Y tampoco son tan rigurosos los guionistas como en el género criminal o el drama. Pululan los cabos sueltos (en esta película no tanto, pero los hay) y los personajes pueden descaracterizarse con tal de lograr una risa.

Aún no hay comentarios.

Feb 28 2010

Promesas del Este

Published by Justo Planas under General

Promesas del Este no es una película de respuestas ni ruidos. El público siempre se incomoda cuando aparece en la pantalla un espejo; pero David Cronenberg, el director, ha vestido de cordero un mensaje tan humano que alarma.

No creo que Promesas del Este descanse en el guión de Steve Knight, como sucede por lo general con las películas de tesis. Knight articuló una historia comercial, bien montada en el género criminal, que denuncia el sufrimiento de las prostitutas rusas en Londres. La estructura es mucho más sencilla de lo que parece. Dos personajes que pertenecen a mundos opuestos se tocan. Anna Khitrova (Naomi Watts), una ginecobstetra (encargada de traer seres humanos a la vida) se involucra con la mafia rusa. Conoce entonces a Nicolai Luzhin (Viggo Mortesen), chofer y futuro integrante de la banda (su función, por supuesto, es quitar vidas).

Viggo Mortesen, nominado a los Oscar por este papel, sintetiza el espíritu de la película. La inmutabilidad fue su mayor arma. Su personaje Nicolai Luzhin, que pertenece a la inteligencia rusa, asciende en la mafia, sin tener muchos escrúpulos por ensuciarse en el camino. Todo cuanto se conoce sobre él es tan vago que nunca desciframos cuáles son sus móviles. Mortesen logra cargar de un horror conforme los pocos parlamentos que le tocan. Y esto sí que es un arte.

Las actuaciones languidecen ante Viggo Mortesen, pero no desvarían. Naomi Watts tiene sus buenos momentos, pero la mayor parte se muestra distante. El francés Vicent Cassel es todo un ruso, sabemos bien de su gran habilidad camaleónica. Armin Mueller-Stahl, que siempre hace el viejito bueno, demostró que también puede correrle sangre fría por las venas.

Pero es David Cronenberg, el director, quien lleva a otras dimensiones esta historia local. Como si estuviera frente a una orquesta, logra que el guión, la fotografía, la edición, ¡el maquillaje! canten su propia comedia humana en una sola voz. Promesas del Este es un cuchillo frío que pasa Cronenberg por nuestra piel. Tiene pocas explosiones de violencia, pero esas nos inducen a virar la cara.

El cuadro de la cultura rusa es casi una caricatura. Los personajes se pasan de mla raya con el acento. Todos los emigrantes viven del recuerdo de la patria, y mueren de la convicción del no regreso. Rusia esta hecha para ellos de añoranza y huída. Hasta escuchamos Ochichornie, colmo ya de lo maniqueo.

En este mundo que levanta Cronenberg, la Maldad no puede ser eliminada solo contenida. Es mejor cerrar los ojos y dejarla pasar. El ser humano es así, somos así.

Aún no hay comentarios.

Ene 06 2010

Aquel tren a Yuma

Published by Justo Planas under General

Será complejo de Sísifo, no sé, pero no podemos evitar volver a los orígenes. Así les sucede a los directores norteamericanos con las películas del oeste. Porque en cuestión de cine tienen muy pocas cosas cuya paternidad les sea reconocida sin discusión. Pero en cuanto al western o al género del oeste, como se prefiera, en cuanto a eso no hay duda alguna de pertenencia. Es algo así como patrimonio del pueblo estadounidense. Y como todo patrimonio, sometido a la profanación, que aunque rime con admiración no son iguales ni dan el mismo dinero.

El mundo que recoge el western solo duró una escasa década, fue una situación difícil, caótica como pocas en la historia de los Estados Unidos, aunque no tanto. En fin, que se nota que no me gusta el género, lo reconozco. Es ya una cuestión visceral, detesto el polvo, los ambientes secos, los cactus y los desiertos… Y después de todo parecería que ya no hay más historias que sacarle a un período tan reducido, a un período tan retomado, parecería que no hay más que decir sobre él en pleno siglo XXI. Lo repito: parecería, porque con Aquel tren a Yuma se demuestra lo contrario, después de tantos intentos fallidos por estos días.

Claro, ya no estamos frente al western del director John Ford. No es que falten los clásicos momentos de acción: hay tiroteo, asaltos y hasta indios. Pero también un desplazamiento de la atención al interior de los personajes. Y no creo que James Mangold, el director, quisiera crear una sátira -en buen español, la película no lo es- sin embargo, tiene su halo. Un bandido, asaltante de banco, asesino, jefe de una banda, temido en varios estados, no puede dejarse conducir a la cárcel por pura lástima por su captor; digo, no puede hacerlo sin provocar al menos una sonrisa en el público. Pero la historia es demasiado seria como para que prevalezca esta emoción. La historia… bueno, no la voy a contar por si alguien da con la película (está en los bancos de videos, oficiales).

Quiero destacar dos actores secundarios que hicieron un trabajo de primera: Ben Foster, que encarnó un Charlie Prince violento, grosero, en fin, bien de clichet… aclaro que para asumir el clichet y salir airoso también hay que ser un maestro; y en especial al joven, casi niño, Logan Lerman (como William Evans), que logró transmitir el dolor contenido y la amargura desatada que requería su personaje sin caer en excesos. Por lo demás, Russell Crowe y Ben Wade, en los protagónicos, están como siempre, muy bien, aunque no mercen más palabras que estas.

Hago un aparte para el director James Mangold, tan vituperado por la crítica por no alcanzar un estilo propio en sus películas. Algunos han querido vislumbrar destellos de su personalidad en Aquel tren a Yuma. No me parece que sea el caso. Es una película interesante, con una técnica funcional pero que no despunta; demuestra, eso sí, que pasó por un magnífico artesano, no autor.

Aquel tren a Yuma camina en la cuerda floja de la realidad posible que puede caerse en el absurdo. Y se cae justo al final. James Mangold apostó por unas conclusiones impactantes, y perdió la lotería de lo creíble al descaracterizar a uno de sus personajes un poco más de la cuenta.

Subir la piedra de Sísifo fue agradable esta vez. Esperemos que cuando vuelva a caer el western desde la cima de la montaña, logre tan buenos resultados.

Una respuesta hasta ahora

Dic 22 2009

Promesas del Este

Published by Justo Planas under General

He salido del cine Yara con un grito mudo y unas cuantas preguntas. Promesas del Este no es una película de respuestas ni ruidos. El público siempre se incomoda cuando aparece en la pantalla un espejo; pero David Cronenberg, el director, ha vestido de cordero un mensaje tan humano que alarma.

No creo que Promesas del Este descanse en el guión de Steve Knight, como sucede por lo general con las películas de tesis. Knight articuló una historia comercial, bien montada en el género criminal, que denuncia el sufrimiento de las prostitutas rusas en Londres. La estructura es mucho más sencilla de lo que parece. Dos personajes que pertenecen a mundos opuestos se tocan. Anna Khitrova (Naomi Watts), una ginecobstetra (encargada de traer a los seres humanos a la vida) se involucra con la mafia rusa. Conoce entonces a Nicolai Luzhin (Viggo Mortesen), chofer y futuro integrante de la banda (su función, por supuesto, sería quitar la vida).

Viggo Mortesen, nominado a los Oscar por este papel, sintetiza el espíritu de la película. La inmutabilidad fue su mayor arma. Su personaje Nicolai Luzhin, que pertenece a la inteligencia rusa, asciende en la mafia, sin tener muchos escrúpulos por ensuciarse en el camino. Todo cuanto se conoce sobre él es tan vago que nunca desciframos cuáles son sus móviles. Mortesen logra cargar los pocos parlamentos que le tocan de un horror conforme. Y esto sí que es un arte.

Las actuaciones languidecen ante Viggo Mortesen, pero no desvarían. Naomi Watts tiene sus buenos momentos, pero la mayor parte se muestra distante. El francés Vicent Cassel es todo un ruso, pero a veces se le cruza alguna musa isabelina. Armin Mueller-Stahl, que siempre hace el viejito bueno, demostró que también puede correrle sangre fría por las venas.

Pero es David Cronenberg, el director, quien lleva a otras dimensiones esta historia local. Como si estuviera frente a una orquesta, logra que el guión, la fotografía, la edición, ¡el maquillaje! canten su propia comedia humana en una sola voz. Promesas del Este es un cuchillo frío que pasa Cronenberg por nuestra piel. Tiene pocas explosiones de violencia, pero esas nos inducen a virar la cara.

El cuadro de la cultura rusa es casi una caricatura. Los personajes se pasan con el acento ruso, pero no provoca risas, es un leve empujón al terreno de la diferencia. Todos los emigrantes viven del recuerdo de la patria, y mueren de la convicción del no regreso. Rusia es un amor y una huída. Hasta escuchamos Ochichornie, colmo ya de lo maniqueo.

En este mundo que levanta Cronenberg, la Maldad no puede ser eliminada solo contenida. Es mejor cerrar los ojos y dejarla pasar. El ser humano es así, somos así. Y algún día Ella puede tocar nuestra puerta.

Una respuesta hasta ahora

Dic 03 2009

Published by Justo Planas under General

Cómo molesta que la gente solo ponga los enlaces de su blog.

Una respuesta hasta ahora

Dic 02 2009

Periodista cubano nacido en Buenos Aires

Published by Justo Planas under General

Primero, no una de sus crónicas. Al principio “Jorge habla de un tal Timossi” en un conversatorio que ofreció hace tres años en el Instituto Internacional de Periodismo. Entonces, recorremos 70 años de su vida, desde que observaba los barcos allá en su Argentina natal hasta que Prensa Latina lo envició con el periodismo.

No mira hacia atrás con melancolía. Solo algunos años de su juventud cargan con ese sabor a invierno, a mate con acento en la última sílaba, que llevan los platenses en la palabra. Luego se hace cubano. Cuenta sus aventuras por Brasil, por Francia, Asia… con nuestra vocación de conjurar grandes proezas como si fueran pasitos de bebé. Agobiado, como estuvo muchas veces por salvar la vida, hizo agujeros al tiempo y a la suerte para visitar los templos de Sri Lanka, los museos de Ámsterdam y la ciudad de Praga. Y en los agujeros se quedó para siempre, despertando el pasado, su amistad con Allende, tantos, tantos recuerdos… despertándolos con voz de joven, con ánimo de pocos años y sintaxis de pibe.

Luego de probada su estirpe de buen periodista, aparecen sus crónicas (algunas sin duda reportajes). Le ha arrancado a la experiencia palabras que cazan con precisión las imágenes en su cabeza.

“El circo más pobre del mundo” es una catedral de vidrio. Cada sílaba copula con la otra con violencia de astros. Y todas giran sobre una emoción rasposa, reconcentrada con fragilidad casi milagrosa. Tersa el estilo con manos hábiles y cuando el equilibrio está a punto de estallar en mil gotas de sangre, una coma separa el último complemento verbal, el último símil suspira pasmoso.

Una catedral que juega con el aire, sí. Los comienzos soplan con clama el barquito de papel, el relato. Y una tormenta cruda va creciendo. Parece que a su paso derramará la catedral de vidrio. Pero se cuela por sus poros en un retintín que huele a llantos. La sacude. Casi la somete. Y luego se va como el aire, que es invisible a los ojos, pero presente.

Timossi aspira por las comas, expira por los puntos. A uno se le olvida, como a él, las funciones vegetativas. Olvidamos el aire, los pulmones, nada existe cuando llega el clímax, la cima más alta de la montaña rusa, y todo consiste en precipitarseeeeeeeeeeee: “El niño apareció de pronto en el aire”, iluminado por los focos, criatura imantada por una extraña fuerza superior, dio una vuelta vertiginosa sobre sí mismo y luego otra, lenta, alada, como si el vacío fuera su medio natural, un giro interminable, que lo alejaba para siempre de la tierra, para después ir pasándose, poco a poco, rompiendo todas los pactos con la gravedad, como un ángel que se distancia dignamente de la muerte y decide reposar en una nube demasiado inesperada para ese cielo, en la silla desvencijada y zozobrante”.

Otras “crónicas” son ajustes de cuenta consigo mismo. Un periodista que tiene su profesión por piel, “como un vicio insuperable”, no puede evitar la angustia de leer trabajos pasados. El estilo, el hecho impreciso, todo duele. También enorgullecen aquellas letras que no marchitan con los años, como una entrevista que le hizo a Gabriel García Márquez a propósito de su premio Nobel de Literatura. A veces consiste en un enfoque diferente, un dato nimio, una palabra incluso. Los lectores comunes las pasan por alto. Pero el periodista no. Sabe que muchas veces hay que recorre galaxias completas para que luego suene a que la idea estaba frente a la puerta.

Casi se disculpa por aquella “crónica” que apareció en la primera plana de unos cincuenta periódicos del mundo. Su versión sobre el golpe de estado a Salvador Allende, su amigo. Estuvo allí el martes 11 de septiembre de 1973. Tenía miedo, tenía la muerte escrita por toda la piel y no olvidó el rol que le exigía aquella situación. Investigó más allá de lo prudente y trajo la noticia a Cuba, lo más fiel que se podía. Algunas verdades de su trabajo se convirtieron en preguntas, algunas preguntas encontraron respuesta. Pero la hazaña continúa indeleble.

Cuando un hombre paga tan alto precio por una carrera que le pertenece por derecho natural, cuando se tienen las manos hechas para escribir alas, y el coraje para tocar nubes, entonces es más que un buen hombre, es un hombre de todos los tiempos. Cuba ha ganado a Timossi, y el Periodismo, un cubano.

Una respuesta hasta ahora

Nov 26 2009

Teresita: voz de persona

Published by Justo Planas under General

A Teresita Fernández hay que mirarla con los ojos entrecerrados. “Yo creo que con los ojos entrecerrados –dice-, se ve mejor. Los fotógrafos, los arquitectos cierran un ojo; también para disparar”. De esta manera, el sillón de la sala sobre el que se mece se convierte en un trono. El forro de una grabadora que le regalaron en el Centro Pablo se transforma en la mejor repisa de tantos objetos rescatados del basurero. Y hasta el escritorio de don Emilio Bacardí conjuga perfectamente con una maceta de plantas que crecen a su antojo, porque Teresita Fernández echa allí todas las semillas que encuentra, a ver si se deciden a nacer. Allí también viven un busto del niño Martí, y una bandera cubana.

Se mece en su sillón. Un tabaco le adorna permanentemente la boca. Y desde hace una semana, tos tras tos, escupe los restos de una influenza que la dejó ingresada en el hospital un buen tiempo. “Me di cuenta de que iba a cumplir 77 años, que estaba vieja y no me gustó, porque no me lo sentía. No pensé que la vejez me obligara a estar tan quieta. A fuerza de no cantar las canciones, porque tengo muchas, se me olvidaron los acordes, las letras no tanto. Cuando plantas la botella tienes muchos amigos; pero cuando todo eso se suspende, van escaseando; otros se han ido, otros se han muerto. Entonces casi todo son recuerdos”.

Pero si estamos mirando a Teresita Fernández con los ojos entrecerrados; sabemos que el 20 de diciembre cumplió solo otro año más de su eterna niñez. “Psicólogos que he consultado por algunas cosas me han dicho que me quedó por dentro una niña de 6 años, pero que no la mate porque es lo mejor que hay dentro de mí. No es que yo le cante a los niños, es que cuando estoy con ellos me siento como una más. Hasta me he buscado problemas por sacar la lengua… Pero soy muy seria, y mucho más profunda de lo que nadie se puede imaginar; pero esa espiritualidad la disfrazo de niña para no ser pedante.

“Cuando me dijeron que los reyes magos no existían lloré mucho. Y me explicaron que no era el ratón el que se llevaba mis dientecitos. Pero esta es la hora en que estoy esperando que se me caiga este diente para meterlo debajo de la almohada”.

Los personajes de sus canciones infantiles compartieron su niñez en Villa Clara y el tiempo en que fue maestra. Luego, eligió la pedagogía de la canción. Aprendió guitarra con “un pobre tabacalero que por las noches daba serenatas”. Y se fue a La Habana para aplicar “el discurso de Martí a los maestros ambulantes… Yo tenía un pulóver y una sayita negros que me habían prestado porque me robaron la maleta en el viaje. Por eso es que ahora, para los actos elegantes me pongo el pulóver negro; para los niños, el azul; y a veces me pongo el carmelita porque es el color de la tierra… y de las alondras.

“La canción en un modo de expresar lo que hablando nadie escucha. Cuando canto no queda más remedio que oírme. Mi tono no es de soprano ni de contralto. Mi voz es, como decía Bola de Nieve, voz de persona. De acuerdo como la tenga, toco”.

La letra de sus canciones se llenó de animales y de flores. Y porque “soy una mujer primitiva”, su arte fue el mejor traductor de la obra de la naturaleza. “Yo creo, mientras viva, en la naturaleza. El hombre hace edificios, aviones; pero todavía no he visto ninguno que haga un gorrión; ni que le ponga luces a un cocuyo”.

Vivió en el Cerro, en la calle Clavel, dentro de una casita de madera rodeada de “setenta y pico de animales”. Y después de 25 años, hace poco, se mudó a un edificio. “El cambio ha sido muy brusco. De aquel patio con tantos perros y gatos, y los vecinos; hasta aquí, donde todo es silencio.” Ahora les tira, desde su apartamento en el piso 12, los huesos del pollo a los perros callejeros que rondan el parqueo. “Y si no se los comen los perros, lo hacen los gatos o los pájaros o las hormigas”.

Ya no compone. Su última canción decía: “Me punzó una espina, el dolor eras tú. Cuando la espina me hirió, eras tú. Me encontré la rosa, el aroma eras tú. Cuando la rosa se abrió, eras tú. Pero yo te siento vivir en mí. Yo te siento en la luz de la tarde que cae, siempre tú. Siempre tú. Me creció la rosa. Me creció por dentro. Cuando la rosa creció, el rosal eras tú”.

Si pudiera corregir su pasado… “no buscaría amor donde lo busqué… No buscaría el amor… Porque cuando invito a ver el amanecer y me contestan que el sol parece un huevo frito me entran ganas de llorar. La gente sin sensibilidad, vulgar, que no ven lo que veo, me da tanta lástima como un hambriento. Porque el hambriento tiene hambre de comida; pero esto es el hambre de ver la luna, las nubes. La belleza está dentro del que la quiera ver”.

Le llega la tristeza cuando no trabaja. “Soy Vanguardia Nacional por séptimo año consecutivo por el trabajo desinteresado. Porque me conformo como estoy. Creo que el salario es un sala´o… Había una vez uno que tenía comida pero no sal, le pidió a otro, hicieron un cambio y comieron los dos”.

Recela de los concursos de música infantil porque “se debe trabajar en busca de una música buena. Hay quien cree que la música para niños es de menor categoría, pero detrás de esto está la ganancia; y los niños no tienen nada que ver con ella. Para mí el billete se convierte en un poco de sal. La música tradicional: N aranja dulce, limón partido, Alánimo, se ha difundido muy poco. Y compositores que respeto como Rita del Prado, Enriqueta Almanza, María Álvarez Ríos tampoco tienen la difusión que merecen”.

Grabó un solo disco, “el del gatico Vinagrito, que lo han reproducido y está a la venta”. Pero si le preguntan por la poca difusión de su música para adultos, responde: “Yo no conozco a nadie. No conozco productores.”

Viaja por amistad con los pueblos, no por dinero. Y en cuanto le dieron un carro lo donó a la Federación de Mujeres Cubanas, que lo necesitaba más. “A mí me preguntaron una vez por qué yo pensaba y hablaba así y dije que miraba poco para las vidrieras. Porque hay tantas cosas bellas y gratis.

“Hay mentiras que me producen ira, uno de mis pecados capitales”. Pero cuando supo que la había heredado de un abuelo torero, la dominó, porque no quería parecerse a un matador de animales.

Tiene en cambio un amor sereno, “un amor que mantengo todavía, lo he encontrado en forma de amistad; porque muchas veces el amor más grande es el que no se toca, el que no se posee.”

Admira a Martí, por ser cubana; y a Jesús, por ser católica. Y al punto aclara “soy católica, apostólica, romana, militante; y soy además, bautista, metodista, masona y comunista… porque el sol está brillando para todo el mundo y llueve parejo para todo el mundo y el aire todavía no lo han embotellado”.

La fotografía de un gato que la mira en blanco y negro revela que Teresita Fernández pertenece a una familia grande, la de todos lo hombres del mundo y más aun, de todo lo vivo. Su gusto musical es igual de inmenso: Schubert, Chopin, Bethooven; Adolfo Guzmán… el tango, el flamenco… Damisela encantadora. “Para mí todo tiene música. Todo. El aire cuando pasa por los árboles. El agua cuando cae… esto que te voy a decir es una vulgaridad para una entrevista, pero la gente que me conoce sabe que soy verdadera: el mismo tanque del inodoro: después de que halas la cadena puedes oír como hace [tararea un vals] hasta que se llena”.

Su poeta preferida es Gabriela Mistral, “porque creó un lenguaje nuevo” Siempre aconseja la lectura. “He leído mucha poesía, por eso sé que la gloria del mundo pasa, pero lo que sirve, queda”. Un poemario de la Premio Nobel de Literatura engalana su mesa como un ramo de flores. “mi flor preferida es el romerillo, que es silvestre y medicinal”.

Teresita Fernández no está sola, aunque lo parezca. Su casa vive poblada de imágenes y sonidos que solo sabe reconocer una experta como ella. A veces su vecino, deportista de algún equipo nacional le toca la puerta para pedirle prestada una fosforera. Cada domingo el cura le envía la comunión… Y los días seguirán “como Dios quiera”.

Los recuerdos de 77 años, de vez en vez, atraviesan las habitaciones y rompen la cortina de humo del tabaco. Y de pronto está jugando nuevamente en la loma del Capiro. Se mete en los ríos, pesca guajacones y caza cocuyos. Entonces parece como si todo volviera a repetirse. “Puedo imaginarme la diferencia entre el perfume de la rosa y el del jazmín. Yo vivo del recuerdo de la rosa”.

3 respuestas hasta ahora

Nov 18 2009

Gracias a Mercedes Sosa

Published by Justo Planas under General

Algunos piensan que es un derecho vivir, otros, ni siguiera dedican un segundo a pensárselo. Para Mercede Sosa, la vida fue siempre un milagro. Y así se desplazó por los años. Cantar, para ella más que un don, era un deber. Por eso más que cantante, se consideraba cantora.

Ahora, que ha muerto, hay quienes sienten su vacío, como Aute, no solo en los escenarios latinoamericanos, sino más allá. Su reino era el de todas las canciones populares, del Sur al Norte, del Este al Oeste.

Hizo de la voz un sacerdocio, y fue súbdita solo de América Latina. La recorrió del río Bravo a la Patagonia. Y ahora que ya no vive ha dejado su cuerpo humano para tomar el de cada uno de esos sitios. Cada uno de esos rincones inhóspitos devuelve su imagen y parece que todavía existe.

Un crítico dijo con palabras de academia todo lo que sintieron los pueblos latinoamericanos durante medio siglo: “Ella cultivó un modelo de artista en que la mimesis con el público era fundamental (…) Una trayectoria de más de cuarenta años que define por un lado a una intérprete única, con una voz de riqueza de matices y fraseo excepcionales y, por otro, a la explicitación más acabada y perfecta de la canción popular como signo de su tiempo.”

Su compatriota Maradona resumió el sino de estadio en la tierra con una pequeña, pero intensa oración: “Generosa y libre, actuó con amor; por eso nadie pudo quebrantarla”.

Silvio Rodríguez salió a buscarla, como todos, el día de su muerte y la encontró en “las raíces de los Andes”. La llamó “oro sustancial”, le dijo “tesoro de nuestro patrimonio sin tiempo”. Vistas estas cualidades, no pudo más que felicitar su buenaventura.

Sus colegas y compatriotas, que la vieron con esos ojos que solo ellos tienen, aseguran hoy que “la Negra no murió, se fue de gira”.

13 respuestas hasta ahora